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Arte + Pensamiento / AF 1992 - Kevin Kelly

AF 1992 - Kevin Kelly



LA MANO INVISIBLE DE LA MENTE GLOBAL

Algunos años atrás, ciertos avispados profesionales del marketing se apercibieron de que la población mayoritaria de nuestro planeta es adolescente y global a un tiempo. ¡Casi la mitad de los habitantes de la tierra tienen menos de veinte años!  Se trata de billones de jóvenes que escuchan la misma música, visten las mismas ropas, ven las mismas películas y estudian las mismas asignaturas en la escuela. Lo que está de moda en Barcelona está de moda en Berkeley y está de moda en Río. Los expertos en marketing tienen la capacidad de analizar la mente global de los adolescentes por medio de las ventas de discos, pantalones vaqueros y cintas de vídeo. La unanimidad de la mente adolescente global es tan predecible que las compañías multinacionales están capacitadas para reciclar los mismos anuncios publicitarios para los jóvenes de todo el mundo con tan sólo leves alteraciones de país a país. El místico católico Teilhard de Chardin, profeta de la naciente mente global en términos espirituales, se hubiera quedado atónito de saber que ésta hallaría su primera expresión en el mundo materialista de los adolescentes.

Esta versión de la mente global, consistente en la unidad planetaria de pensamientos y valores, tiene su origen en la reciente convergencia de un denso sistema de telecomunicaciones, la televisión por satélite, el comercio transnacional y la popularización del turismo internacional. Sin embargo, el florecimiento de esta "familia humana" no es más que una parte de algo más grande, poderoso y problemático. A medida que la mente global evoluciona, ésta no resultará ser una gran mente humana, ni siquiera una gran mente compuesta por todos los hombres (del mismo modo que la mente humana no es sólo una acumulación de tejidos). Marvin Minsky ha demostrado claramente que la mente se compone de una multitud de agentes interactivos y no inteligentes. La fusión de estos elementos "estúpidos" ocasiona la aparición de la inteligencia. Esta inteligencia no reside en una parte determinada, ni tampoco en la suma de las partes; sino que emerge cualitativamente distinta de las partes que la componen.

La mente global no será de carácter humano. Aún en el supuesto de que la mente global dependiera de modo exclusivo de un colectivo de seis billones de mentes humanas, la mente resultante no resultaría humana en sus perspectivas y valores. Su escala trasciende los intereses del ser humano aislado.  Así  una mente global compuesta de modo exclusivo por inteligencias humanas no apreciaría el valor de la vida humana tanto como lo hace el individuo aislado. Sin embargo, las mentes humanas no serán más que un componente minoritario de la mente global. Millones de redes informáticas, millares de centrales telefónicas, docenas de bancos de datos y centenares de estaciones de televisión, junto a billones de cerebros humanos constituyen la sociedad de sub-mentes que forman la mente global. 

Las partes del cerebro no son consciente de los pensamientos de la mente. De la misma forma, ninguna parte del cerebro global estará en condiciones de adivinar lo que piensa la mente global. Las deliberaciones de la mente global serán asimismo un misterio para nosotros, los humanos.  Aunque podamos examinar su modo de acción, sus razonamientos se nos escaparán. Los pensamientos  de la mente global y sus acciones subsiguientes estarán fuera del alcance de nuestro intelecto.  Nuestra principal dificultad para comprender la mente global radica en el hecho de que ésta diferirá en carácter de la inteligencia de los mamíferos y la inteligencia artificial. La escala planetaria de una mente global señala la aparición de pensamientos tan amplios y dilatados en el tiempo cuya lentitud bien podría asemejarles a objetos físicos. La evolución de las especies naturales constituye un tipo de mente biológica global encaminada a resolver el problema de la capacitación física. Sus lentos raciocinios son los organismos -verbos cuya lentísima transformación les hace parecer nombres a nuestros ojos.  Los pensamientos de una mente global basada en el hombre nos resultarán similarmente inconcebibles.

Más problemático aún nos resultará el hecho de que toda mente es básicamente desconocedora de su funcionamiento interno. El cerebro de cada ser humano ignora a propósito los recovecos más intrincados de su maquinaria, hecho que se deriva tanto de la evolución incremental de la mente a partir de los primeros proto-cerebros como de la necesidad de proteger a la mente de posibles intromisiones propias llevadas de la curiosidad.  De modo similar, la mente global será primordialmente desconocedora de sus propios mecanismos.  No sólo los seres humanos ignorarán por completo los estados mentales  de la mente global; ella misma será incapaz de saber lo que hace. Y aunque la humanidad será una parte integral de la mente global, ésta en nada se asemejará a nosotros y estará por completo fuera de nuestro control.

Los engranajes de la mente giran infructuosamente mientras ésta no disponga de un revestimiento corporal. El cuerpo de la mente debe disponer de receptividad sensorial, así como de algún medio de manifestar sus pensamientos por medio de la acción. La mente global apenas ha comenzando a tener cuerpo. Cuando  las señales televisivas se digitalizan, la mente global adquiere ojos. A medida que los bancos de datos se nutren de conocimiento textual, la mente global encuentra su verbo. A medida que los robots industriales responden a las señales de los despachos de ventas, la mente adquiere sus manos. La acción de la mente global tendrá por escenario nuestro entorno manufacturado y consistirá en la alteración y creación de objetos físicos. Uno de los primeros pensamientos de la mente global lo constituye el virus informático -una idea replicante que nunca nos abandonará. Pero el principal objetivo de la mente global lo constituye el desafío natural de todo organismo: cómo asegurar su propia supervivencia. La mente global, una vez nacida, no desaparecerá.

Los humanos  nos hemos convertido en las comadronas del nacimiento de la mente global mediante un mecanismo muy simple:  la interconexión del todo con el todo. Es una pregunta que me hago muy a menudo:"¿Qué sucede cuando se interconectan todas las cosas?"

La respuesta, creo, es que obtenemos una Red.  Y la Red nos ofrece la posibilidad de adaptación, aprendizaje y evolución, así como la aparición de la mente.  La interconexión de todas las cosas en una Red global resulta en un aprendizaje global, una evolución global, y una mente global.  Sin la Red, la emergencia de tales fenómenos se torna imposible, del mismo modo que la sola existencia de la Red no siempre garantiza su aparición.  Mi interés principal radica en  descubrir las condiciones precisas para que la Red favorezca la adaptación, el aprendizaje y la evolución.  ¿Cómo construir una Red capaz de aprender y mejorar?

Las  características de la Red apenas si han comenzado a ser descubiertas.  De hecho, los procesos matemáticos necesarios para comprender tan complejas conexiones se encuentran aún en su fase de creación. No se trata de una tarea sencilla, ciertamente, pues se hacen precisas unas matemáticas enteramente nuevas, capaces  de describir a un infinito número de unidades interdependientes entre
sí de un  modo  circular y masivo a un tiempo.  La función de A depende de lo que hacen B, C y D, mientras que la función de B, C y D depende de lo que hace A.  El  único modo de saber lo que sucede estriba en calcular  a la vez todos los cambios codependientes.  En la literatura especializada, este estilo de computaciones complejas y paralelas  tiene sus antecedentes en los cellular automata, las redes de Boole, las conexiones neurales, los espejos giratorios y los sistemas de clasificación. Personalmente prefiero emplear la denominación genérica de Matemáticas de la Red, mientras que la era de estos sistemas reticulares e interconectados es para mí la Era de la Red.

El átomo es el icono de la ciencia del siglo veinte. Todos conocemos la imagen simbólica del átomo:  un punto negro rodeado por un círculo orbital compuesto por otros puntos. La imagen de este átomo planetario aparece impresa en juguetes y gorras de béisbol, en logotipos comerciales y en los sellos gubernamentales. Lo vemos en el reverso de las cajas de cereales, en los libros escolares  y como estrella de los anuncios comerciales. El átomo simboliza el conocimiento y el poder. Sólido como el círculo, es igualmente  completo y regular. Girando en solitario,  constituye el epítome de la independencia, la metáfora de la individualidad. Es el depositario irreducible de la fuerza. Su estructura refleja la del cosmos, siendo a la vez un subordinado sistema solar y una concentración de esferas celestiales que descienden de la galaxia. En su centro se halla el animus, el ello, la fuerza vital, aferrados todos a su correspondiente  ámbito circular. En el átomo simbólico se hallan presentes las órbitas definidas separadas de modo regular que  representan el conocimiento revelado del universo. Símbolo de certeza, evoca el desnudo poder de la simplicidad.

El símbolo de la ciencia del próximo siglo lo constituye la Red dinámica.  El símbolo de la Red carece de centro -se trata de un puñado de puntos unidos a otros puntos- y recuerda a una telaraña de flechas entrecruzadas, a un nido de serpientes, a una imagen nerviosa y de contornos imprecisos. La Red constituye el arquetipo creado para representar todos los circuitos, todas las inteligencias, todas las interdependencias, todo aquéllo económico, social y ecológico, todas las comunicaciones, toda la democracia, todos los grupos y todos los sistemas de grandes dimensiones. Se trata de un icono ambiguo y elusivo, cuya mayor paradoja radica en la ausencia de centro, principio y final. O, dicho de otro modo, en la omnipresencia de su centro, su principio y su final. Emparentado con el Nudo,  encierra la verdad en su aparente desorden. Su desentrañamiento precisa de auténtico heroísmo. Emblema de la multiplicidad, habla de la existencia en  multitud. Social hasta la exasperación, no se avergüenza de arroparse en una muchedumbre de mentes. En él se combinan las lógicas del ordenador y de la naturaleza, expresión a su vez de un poder todavía no comprendido.  Escondido en la Red se halla el misterio de la Mano Invisible -el control sin la necesidad de autoridad. Si el Atomo representa la pulcritud de la simplicidad, la  Red simboliza el embrollado poder de la complejidad.

Resulta más difícil vivir bajo la bandera de la Red. Estandarte de la ausencia de control, designa a las zonas pantanosas de la psique, el enredo de la vida, el gentío preciso para que la inteligencia se haga posible. La Red constituye el icono de la mente global.   

La mente global se define como la unión del ordenador y la naturaleza, el casamiento de los teléfonos, los cerebros humanos y muchas otras cosas.  Se trata de una complejidad de forma indeterminada gobernada por su propia mano invisible. Lo poco que
podemos aprender del funcionamiento de la mente global se derivará de nuestro uso de las Matemáticas de la Red y las intuiciones  provenientes del estudio de otros sistemas complejos. 

Aprender a conocer la mente global, de la que todos somos integrantes y creadores a un tiempo, constituye una tarea secundaria. Nuestra principal ocupación en los próximos cincuenta años consistirá en permitir su evolución.  


Kevin Kelly fue editor jefe de WIRED y de Whole Earth Review, revista de información heterodoxa  sobre ciencia y tecnología. 

Texto originalmente publicado en el catálogo de ArtFutura 1992.



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