null
548-P-20101029113851.jpg
Imprimir
Arte + Pensamiento / AF 2010 - Vicente Matallana

AF 2010 - Vicente Matallana



La intimidad está sobrevalorada. ¿O no?

El derecho a la protección de datos y la privacidad en Internet es irreal, ficticio, virtual.
Artemi Rallo, Director de la Agencia Española de Protección de Datos. El País, 8 de agosto de 2010.


Por fin en algo hemos llegado, casi universalmente, al consenso social; la voracidad por recopilar datos sobre los ciudadanos por parte de los gobiernos y corporaciones, se ve apoyada por el exhibicionismo virtual del ciudadano, comúnmente conocido como usuario.

Mientras los estados establecen obsesivamente sistemas de vigilancia exhaustivos sobre los ciudadanos, una cámara de vigilancia por cada 16 personas en el Reino Unido, las empresas o corporaciones, en su ansia para conocernos (vendernos) mejor, gastan su dinero en sistemas personalizados de realización de encuestas vía teléfono y operadora, Internet y el usuario han dejado obsoletos todos estos sistemas. El usuario quiere ser visto y para ello, por primera vez en la historia, cuenta con la tecnología para serlo universalmente, incluso involuntariamente, dejando a la vista hasta sus más íntimos pensamientos en140 caracteres.

La pregunta retórica sería ¿cuáles son las consideraciones sociales de todo esto? Bien es cierto que voluntariamente vivimos en un estado de exposición, de desnudez, permanente de la misma manera que, paradójicamente, el exceso de datos hace que la información que proporcionan los usuarios vaya dejando inoperativas la herramientas de análisis de manera global y pormenorizada, pero no olvidemos que todo vale mientras vivamos en estas, en principio, alegres democracias en las que nuestros derechos están legalmente protegidos y que el estado, como representación de los ciudadanos, siempre busca el bien para estos mismos.

Otro paisaje se nos presentaría si por algún tropiezo cayéramos en un sistema totalitario, dictadura u ocupación; simplemente las redes de amigos expuestas ahorrarían un precioso tiempo al interrogador de turno.

Pero, hoy por hoy, no podemos evitar que cualquier lectura catastrofista del hecho de que vivimos en público tenga un tufo a reaccionario frente a lectura positivista del hecho. Los ciudadanos pueden ser vistos, la información, incluso la del ámbito personal, es libre.

La intimidad está sobrevalorada. Intimidad es un concepto del siglo XX; vivimos ahora una nueva idea de intimidad albergada en lo público. Lo público crea nuestra nueva identidad y la protege. Los miedos son algo banal del pasado ¿o no?

No olvidemos la advertencia final de La Peste de Albert Camus:

“Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que esta alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa”

Por eso la afirmación y la pregunta se mantienen; La intimidad está sobrevalorada. ¿O no?

Vicente Matallana
LaAgencia / Director

 
Texto originalmente publicado en el catálogo de ArtFutura 2010.



LaAgencia
Website by aer visual studio — Hosted by cdmon logo
ArtFutura 2007 - All rights reserved