Arte + Pensamiento / AF 2008 - Montxo Algora - Máquinas&Almas


El Arte.
El arte ha de fluir constantemente para mantener su poder. Y cuando los medios a través de los cuales se expresa no se expanden, de forma casi mágica, encuentra nuevos cauces que lo elevan a un nivel superior.

La Magia.
Flandes, mediados del siglo XV. Brujas. Una enorme megápolis de más de 45.000 personas que ha visto un segundo renacer gracias al comercio de la lana. Es un momento histórico. La aparición de una nueva tecnología - la imprenta - va a sacudir a toda Europa. Ciudadanos particulares podrán acumular conocimientos y aparecerá una nueva clase social: Culta, no sacerdotal, no aristocrática, procedente de artesanos y comerciantes.
                             
Jan Van Eyck y su hermano Hubert, con el patrocinio comercial del Duque de Borgoña, descubren por azar una nueva técnica de veladuras en la pintura al óleo. Mezclando los nuevos pigmentos directamente con aceite de linaza y nuez, llegan a dónde nunca antes había llegado la témpera. El pincel se desliza de forma casi mágica generando veladuras y colores desconocidos. Jan retrata a los Arnolfini, un matrimonio de prósperos comerciantes italianos, se adelanta a su tiempo y firma como un auténtico grafittero: “Johannes de Eyck fuit hic 1434”. Justo encima del espejo. Espacios virtuales de perspectiva bidimensional. 
¿Hubieran sido lo mismo el Renacimiento Italiano y el Siglo de Oro sin el genio creativo de Leonardo y Velázquez? Ciertamente, no. ¿Hubieran sido lo mismo sin los hermanos Van Eyck, el azar y las nuevas tecnologías de la época? Tampoco. En pocas décadas, la pintura al óleo se extenderá por el viejo continente como un suspiro.

El Azar.
Barcelona, Enero del 90. Las múltiples combinaciones del destino chocan alocadamente como neutrones escapando del núcleo. Hace ahora dieciocho años, cuando comenzamos ése proyecto difuso llamado ArtFutura, ni siquiera existía Internet tal como ahora la conocemos. Tim Berners-Lee daba aún forma a su World Wide Web y la comunidad científica que utilizaba la red apenas superaba las 100.000 personas. Una aldea.

Festivales como Ars Electronica y ferias como Siggraph propiciaron una nueva consciencia en la comunidad artística y fue así como nacieron festivales como ArtFutura. Al amparo de una nueva tecnología llamada Realidad Virtual y de la mano de las ideas de un escritor llamado William Gibson.
William se vino varias veces a Barcelona con toda su familia (“nanny” incluida) y dedicó más tiempo a la obra de Gaudí y a las largas noches de “El Otro”, que a su nuevo libro in-progress: “The Difference Engine”: Una novela alternativa - escrita junto a Bruce Sterling - que relata cómo el científico inglés Charles Babbage pudo haber hecho realidad su proyecto de Máquina Diferencial. Algo que hubiera cambiado la historia y adelantado la revolución digital en más de ciento veinte años.

Los Dígitos.
Londres, verano de 1940. Se inicia la operación “Día del Águila". La Luftwaffe alemana bombardea de forma masiva los aeródromos en territorio inglés. El 24 de Agosto, hay quien dice por error, varias bombas caen en el centro de Londres. Dos días más tarde Churchill ordena a la Royal Air Force que ataque Berlín. Comienzan las acciones de represalia sobre la población civil. El terror está servido.

Ése mismo año, un grupo de investigación británico llamado Ultra, con la participación de Alan Turing, y basándose en las experiencias de Babbage, Byron y Boole, crea el primer ordenador totalmente electrónico. Se llama “Robinson” y su objetivo es decodificar los mensajes alemanes, generados por Enigma, una maquina de cifrado de primera generación. Tres años más tarde el mismo grupo desarrollará el “Colossus”, que utiliza tubos electrónicos y multiplica por mil la velocidad del “Robinson”.  Los mensajes alemanes quedan totalmente al descubierto. Tendrá una importancia decisiva en el resultado de la guerra. 

Pasarán siete años y, en plena guerra fría, hace su aparición el primer transistor. Es el año 47 y el mundo se ve sacudido por la popularidad de un nuevo medio: El televisor. Sin embargo, será a partir de los años 70, cuando los ordenadores adquieren una nueva dimensión con el microprocesador. Adiós a los tubos, adiós a los transistores, a partir de ahora dispondremos de un nuevo elemento mágico en la punta de los dedos.

En Abril de 1976, Steve Jobs coincide con Stephen Wozniak y desde un garaje en Los Altos, California, crean una compañía con el mismo nombre que la discográfica de los Beatles. Su primer proyecto, el Apple I, es considerado el primer ordenador personal completo de la historia. Jobs y Wozniak comercializan 200 unidades, y las venden. Un año más tarde presentan el Apple II, la máquina que cambiará el mundo. Acabará vendiendo millones de unidades y poniendo la tecnología en manos de ciudadanos particulares que podrán acumular conocimientos. Y procesarlos. Cuatro años después, en 1981, IBM coloca su propio ordenador personal (PC) en el mercado.

En los siguientes doce años los ordenadores personales se extenderán por todo el globo, multiplicarán exponencialmente su velocidad de procesado y se utilizarán para las funciones más diversas. A comienzos de los noventa, con la aparición de la World Wide Web se inicia una nueva era: Los usuarios de Internet pasarán en otros doce años de cien mil personas a mil doscientos millones.

La Red.
Febrero del 2007, amanece en Trancoso, Brasil. Un antiguo poblado de pescadores en la costa de Bahía. Playas vírgenes, arenas doradas, manglares y palmeras hasta donde se pierde el horizonte. Es temporada alta de verano, justo cuando los paulistas invaden sus playas. Junto al Quadrado - la plaza construida por los portugueses hace cuatrocientos años - se encuentra el cibercafé local, repleto de turistas ansiosos en leer sus correos. Supuestamente están de vacaciones, pero el cibercafé es algo más que un ordenador y un cable que regularmente falla. Es un espacio social. Donde se comenta el alquiler, donde se saluda, donde se conoce gente.

Desde los despachos-con-vista de los rascacielos de Wall Street a las estrechas calles del barrio chino de Singapur, desde los locutorios sin nombre del centro de Madrid al cibercafé tropical de Trancoso. Las redes informáticas nos completan y expanden nuestros sentidos. Nos multiplican, nos alimentan y generan vidas paralelas. Mil cuatrocientos millones de seres humanos conectados a la ubre del conocimiento global y el chat continuo. Máquinas que emiten emociones que antes desconocíamos. Emociones. Máquinas y emociones. Espacios virtuales de perspectiva tridimensional.

La Máquina.
Boston, 1984. Sherry Turkle, profesora del MIT, publica  “The Second Self”, una obra crucial para entender el poder del ordenador y su influencia en la nueva era:
“El ordenador es un nuevo espejo, la primera máquina psicológica. Y los espejos, de forma metafórica y literal, juegan un papel crucial en el desarrollo de la humanidad. En la literatura, en la música, en el arte o en la programación informática. Nos permiten vernos a nosotros mismos desde fuera, hacer objetivos aspectos nuestros que solamente habíamos observado desde el interior”.

El ordenador va más allá de la máquina industrial. Su capacidad para procesar información y su ubicuidad han hecho que nos acompañe prácticamente en todas las facetas de nuestras vidas. Una máquina industrial repite mecánicamente la misma función. Pero la virtualidad del ordenador hace que tanto sus códigos como sus funciones sean infinitas.
Y el elemento crucial en la nueva discontinuidad tecnológica es nuestra humanidad. Sin ella, todo lo demás carece de sentido. Los ordenadores NO piensan. Replican pensamientos. Los ordenadores NO sienten. Replican nuestras emociones. Son, efectivamente, el espejo psicológico donde nos contemplamos. Espejos dónde jugamos, dónde sentimos, dónde expandimos nuestra imaginación. También dónde aprendemos. Espejos. ¿Y las almas? ¿Se pueden replicar?

El Alma.
Japón, 1760. Hakuin Ekaku redacta, desde el monasterio de Shoin-ji, a las laderas del Monte Fuji, una carta dirigida a su señor feudal (otro pésimo político aficionado al arte). Entre recomendaciones de honradez y trato humano a los campesinos del valle de Hara, Hakuin escribe:
“La mente es el cielo, la mente es el infierno y la mente tiene la capacidad de convertirse en uno de ellos. La gente sigue pensando que existen en alguna parte, fuera de ellos mismos… Pero el cielo y el infierno no están al final de la vida, están aquí y ahora”.

Hakuin, desarrolló su pintura en la última fase de su vida, ya cumplidos los sesenta. Más de mil pinturas y caligrafías creadas en veintipocos años y en estilos tan diversos que a veces uno se pregunta si pertenecen al mismo autor. Hakuin es conocido por estallar en carcajadas en medio de sus iluminaciones. Una frase suya: “La meditación en la actividad es mil veces superior a la meditación en la quietud”. Que la inspiración te encuentre trabajando. Eso es adelantarse a su tiempo. No es de extrañar sus ataques de risa.

Máquinas y Almas.
Junio del 2008, Madrid. Museo Reina Sofía. La exposición “Máquinas& Almas” trata de profundizar en el  hecho de que, a comienzos del siglo XXI, arte y ciencia discurren por caminos paralelos. Y lo hace a través del trabajo de un grupo de artistas escogidos por su capacidad de aunar arte, tecnología, misterio, emoción y belleza.
Todos ellos utilizan la tecnología digital como herramienta. Y en formas múltiples: Como soporte, como elemento desarrollador, como medio de investigación, como trampolín a sensibilidades nuevas… Pero sus ordenadores por sí mismos NO crean. Y sin el sentimiento y la creatividad de sus autores, el arte digital no es nada. Como hablarle a un espejo.

Sachiko, Paul, David, Theo, Rafael, Antoni, John, Evru, Pierre, Daniel, Vuk, Ben, Chico, Natalie... trabajando desde Tokyo, Londres, Nueva York, Delft,  Vancouver, Barcelona, Boston, París, Madrid, Ljubljana, San Francisco… me asombran, me hacen pensar, descubrir, plantear preguntas, investigar, me hacen sentir, me emocionan … de una forma nueva. Espacios virtuales de perspectiva infinita. Aquí y ahora.

Aquí.
París en los años veinte. Nueva York en los sesenta. Las capitales del arte también se trasladan con sus maletas, sus artistas, sus galerías y sus museos. Pero... ¿cómo afectan Internet y la tecnología digital al mundo del arte? A comienzos del siglo XXI el centro neurálgico del nuevo Cultureburg parece un tanto desubicado. Ya no hace falta patearse las calles de Montmartre o del Soho neoyorquino para sentirse artista. Ni siquiera podemos decir que West Chelsea sea el nuevo nodo global. No lo es. Los centros y los nodos se han multiplicado y están por todas partes. Desde Shanghai a Berlín. Desde Londres a Tokyo, Barcelona, Los Angeles, Moscú…Todos estamos aquí.

Es más, el nuevo artista global pasa más tiempo buscando inspiración en la red que visitando los estudios de la competencia. Cabalgando sobre píxeles de cromo en lugar de comparando espátulas. ¿Será que la nueva capital del arte se está mudando a Internet? ¿Dónde están las maletas?

Y Ahora.
Wassily Kandinsky escribió en “De lo Espiritual en el Arte”: “Cualquier creación artística es hija de su tiempo y madre de nuestros sentimientos. Igualmente, cada periodo cultural produce un arte que le es propio y que no puede repetirse”.
¿Por qué será que necesitamos nuevos estímulos para emocionarnos de una forma nueva?

El presente nos reclama constantemente nuevas formas de sentir. De implicar que estamos vivos. La realidad virtual, Internet, las redes sociales, las imágenes sintéticas, la vida artificial... son solo la punta del iceberg. El mundo que conocemos se transformará aún más aceleradamente en los próximos años. Nuestros museos serán distintos, nuestro arte será distinto, nuestras ideas, nuestras vidas y nuestras relaciones serán distintas.

Es el impulso vital que nos lleva a generar nuevas formas y nuevas experiencias. De aprehender la realidad de una forma más amplia. Más real. Porque al final de la escapada es lo que somos: almas anhelando nuevas experiencias y nuevas emociones. Aquí y ahora.

¿Y el arte? ¿A dónde irá el arte? José Miguel Monzón, ése otro gran pensador de nuestro siglo, dijo una vez: “El tiempo es el acomodador perfecto: Acaba poniendo a cada uno en su sitio”.

Montxo Algora
Director ArtFutura


Texto originalmente publicado en el catálogo de la exposición celebrada en el Museo Reina Sofía, Madrid.


Maquinas&Almas