Arte + Pensamiento / AF 1991 - Brenda Laurel


Me encuentro, de noche, en una plaza pública de Shibuya, en mi primera visita a Tokio. Hacia abajo, por las calles rectas como trazadas a máquina que parten de las esquinas de la plaza, hasta donde alcanza mi vista, el neón late en collages verticales, proyectando imágenes animadas sobre un cielo ambiguo. Pienso en la primera línea de Newromancer: El cielo por encima del puerto era del color de la televisión sintonizada en un canal fuera de emisión. La perspectiva condensa el neón como con gravedad lateral. En los costados de los edificios, diagonalmente a derecha y a izquierda a una altura de diez plantas, grandes pantallas de video proyectan imágenes de mujeres de diez metros de altura que caminan a cámara lenta alternando con logotipos en movimiento y pulcros coches a toda velocidad. Media cabeza más alta, sobre mis tacones, que la mayor parte de los japoneses que pueblan la plaza a media noche, contemplo el lugar como alguien que mira dentro de un acuario justo en la línea de la superficie; arriba, la tormenta fotónica de luz de neón-vídeo; abajo, personas moviéndose como peces, lentamente, sin mirar hacia arriba. Me muevo arriba y abajo, rompiendo una y otra vez la tensión superficial del mar humano, saboreando las transformaciones metabólicas instantáneas. Pero me pregunto, ¿por qué esta gente ha construido este espacio? - no lo están mirando.

En Understanding Media, McLuhan ofrece una noción de la “temperatura” de los media como un medio para caracterizar los efectos sensoriales, cognitivos y culturales. Parece ser que utiliza “frío” en dos sentidos: los “media fríos”, que invitan a la participación a través de la baja resolución y el estado incompleto; y el “enfriamiento” de los sentidos de uno en respuesta a los media calientes. Se refiere al primero como a un estado general saludable, mientras que el último puede convertirse en una enfermedad -entumecimiento- , es decir un efecto secundario como estrategia del cuerpo para poder sobrevivir el asalto de los media.
Releyendo a McLuhan después de más de una década, me pregunto qué diría de los
fenómenos que hoy llamamos “media interactivos”. Uno de los parámetros para distinguir a los media “calientes” de los “fríos” es el grado de participación. Los media de alta resolución son antiparticipativos, ya que es poco lo que nosotros les podemos aportar. En los años 80, la interactividad ha sido saludada por muchos como el antídoto contra el mundo entumecedor de la televisión. Pero, los media interactivos, ¿favorecen necesariamente la participación?

En Shinagawa visitamos la bolera - doscientas pistas, con un monitor de vídeo montado sobre cada una. Cuando una mujer se acerca a la pista, el monitor la muestra en un plano largo frontal. Mientras suelta la bola, los sensores avisan al sistema para que enfoque los bolos. La bola toma contacto y el vídeo enfoca de nuevo el primer plano de reacción. El vídeo “interactivo” procesa la interactividad en vivo fuera de la experiencia, como una luz roja a través de un filtro rojo.

De vuelta en América, reflexiono sobre estas conclusiones erróneas de Tokio. Cuando
regreso a Japón unos meses después, mi electrolujuria me hace volver a la plaza de
neón-vídeo. La segunda experiencia es más profunda, más viscosa - quizá el ensayo interior ha mejorado mi capacidad para bucear en la noche. Siento el mismo regocijo extraño e
instantáneo, pero ahora no lo siento en mi cabeza, sino en mi piel. Estoy dentro de la
experiencia. No tengo ideas. Mensajes fragmentarios flotando como restos en un mar
fosforescente. Mis sentidos son dientes de cetáceo filtrando pautas. Pruebo
indiscriminadamente. Lo que estaba antes caliente hasta el punto de fusión, es ahora el colmo del frío, visto y olvidado en el mismo instante porque hay demasiado que ver,
demasiado que recordar. Las yuxtaposiciones en la misteriosa mente subacuática
convierten en íntima poesía efímera lo que antes era ruido endurecedor. Sudo y me
estremezco. La exquisita sensación de serenarse experimentada como acto creativo
dentro-fuera. No es como la anestesia. ¿Qué es lo que ha cambiado? ¿He salido por un rato del otro lado del entumecimiento de McLuhan? Cuando nos enfriamos, ¿puede el ataque
furioso transformarse en una nueva forma de ambigüedad sugestiva? ¿O estamos actuando fuera de una pauta evolutiva, emergiendo y sumergiéndonos en mares más y más extraños?

Muchos escritos recientes acerca de la `realidad virtual’ invocan el espejo de Lewis Carroll como modo para describir la naturaleza del medio de comunicación. Me viene a la memoria, como a McLuhan, Narciso - la superficie reflejante nos atrapa en un trance anestésico. El más profundo poder de la telepresencia espera debajo de la superfície del agua. Uno puede imaginar una transformación producida por la inmersión sensorial, como la noche de Tokio, donde el cielo ardiente se colapsa en su contenido, conduciendo el pensamiento a un reino totalmente insospechado, íntimo y vasto.

Texto originalmente publicado en el catálogo de ArtFutura 1991.


Brenda Laurel @ Wikipedia