Arte + Pensamiento / AF 2005 - Bruce Sterling


Soy el "Visionario Residente" en el Art Center College of Design durante el año 2005. Coincidiréis conmigo en que es un título académico interesante.

Déjenme explicarles lo que implica este trabajo.

   En primer lugar, mi trabajo requiere de alguien que quiera ofrecerse a ser un visionario del diseño. Esta clase de gente no abunda. A continuación enumero algunos de los referentes históricos de mi actual línea de trabajo: John Ruskin, Filippo Marinetti, Normal Bel Geddes, Buckminster Fuller, Walter Gropius Reyner Banham y Siegfried Giedion.

    Algunos profesionales contemporáneos: Bruce Mau, Karim Rashid, Stewart Brand, Kevin Kelly, William J. Mitchell, Jane Jacobs.

    ¿Qué tienen estas personas en común?

    En primer lugar, un visionario debería ser poco práctico. Esas personas que tienen negocios rentables o modelos sólidos de reforma gubernamental no se deberían nunca llamar “visionarios.” A los prósperos empresarios o burócratas competentes no se les permite dejarse llevar por su imaginación desbocada. Esto pondría nervioso a las partes interesados.

    El segundo requisito es ser ruidoso. Mucha gente sufre visiones, pero los visionarios del diseño deben ser RUIDOSOS con sus visiones; deben ser PERSISTENTEMENTE ruidosos, EN PÚBLICO. Un visionario profesional tiene que escribir y publicar bastante. Si esto implica ponerse en una situación embarazosa, pues, mala suerte: tendrá que hacerlo.

    Después vienen los distintos Artes y Oficios de la vocación visionaria. Ser imaginativos resulta muy útil. Casi igual de útil resulta ser simplemente extranjero, o incluso sólo ser una persona excéntrica. El salto más poderoso de imaginación llega cuando uno le explica a la gente cosas bastante obvias -- verdades que ya deberían saber, pero no saben. En el oficio de visionario del diseño lo que importa no es la imaginación en bruto, sino el distanciamiento cognitivo – el impacto tonificante en la sensibilidad del oyente.

     Como visionario profesional, uno debería ser radicalmente insistente en las grandes cuestiones estructurales. Por ejemplo, aunque el Cepillo de Dientes Oral-B extraordinariamente ergonómico de Lunar Design sea un importante avance en el diseño, en realidad no te convierte en un “visionario del cepillo de dientes." Simplemente el tema de los cepillos de dientes no da para más. Desde luego, todo el mundo debería tener y usar un cepillo ergonómico, pero si eres un visionario, te irá mucho mejor si te dedicas a cualquier cuestión aparentemente más relevante y con más glamour como, por ejemplo, los vuelos espaciales o la nanotecnología, o el acceso universal a Internet o la reforma moral a nivel mundial a través de la Obra de Arte Total.
Si tienes un dolor de muelas, te dolerá demasiado para administrar cualquier visión, así que hazte de un cepillo de dientes bastante bueno y moderno y úsalo, pero úsalo en silencio.

    Los visionarios se suelen dedicar a definir o formar nuevos movimientos dentro del campo diseño. Este tipo de críticos suelen ser gente de grandes ligas, que reúnen a profesionales en pabellones privados y gimnasios.
La gente fuera de estos movimientos odia los "movimientos." La gente dentro de los movimientos odia sus propios movimientos casi igual, pero los movimientos no surgen por el bien de la gente dentro o fuera de los movimientos. Los movimientos son recursos mnemotécnicos. Impiden que el público se olvide de los trabajos. Un movimiento es un pretexto verbal de algo demasiado fugaz y complejo para ser resumido. Los visionarios no deberían dudar en usar y nombrar movimientos siempre que sea conveniente.

     Los visionarios deberían ser tipos inspiradores y motivadores, animadores que instan a los creativos a realizar esfuerzos aún mejores. Es igualmente posible ser una Cassandra del diseño, triste y pesimista.
Por ejemplo, se podría mantener con multitud de pruebas convincentes que todo lo que construimos es inútil, estúpido y feo, y que nuestra civilización está condenada. Sin embargo, un agorero carece de intenciones constructivas. Se les considera equivocadamente visionarios del diseño. Probablemente su talento natural estará mucho más aprovechado ejercitando algún otro papel más agradable, como el líder de una secta apocalíptica al estilo de la masacre de Waco.

     Los visionarios deberían tener algo de visión panorámica. Deberían ser capaces de otear el horizonte del pasado y desprender el hedor del futurismo progresista. Los observadores del diseño que carecen de una tesis histórica no son visionarios; serían mejor definirlos como entendidos, aficionados o tecnócratas.

    Los visionarios deberían poder atraer la atención del público y captar alguna parte provechosa de su imaginación. La visión del diseño no puede ser simplemente un castillo privado imaginario ya que, para intervenir en el diseño, es necesario que otra gente más práctica recoja esa visión y la lleve a cabo. Del mismo modo, los visionarios necesitan poder expresar su punto de vista de manera coherente, no basta con montar un wunderkammer de diseños de éxito. Lo ideal sería poseer algo de claridad ideológica.

    Cualquiera que se adentre en una línea de trabajo desconocida se beneficiará enormemente si estudia a sus fundadores. Los aspirantes a visionarios deberían tener estrechas relaciones con sus precursores. Si revisas las biografías de diferentes visionarios del diseño, aprenderás rápidamente que no son ni mucho menos una pandilla dulce, jovial y animada.
 
    Los verdaderos diseñadores pueden y a menudo son gente encantadora y agradable, pero los visionarios del diseño tienen una ocupación sobria y melancólica. Ser visionario no es nunca un trabajo especialmente lucrativo. Aunque trae consigo una cierta de fama, nunca será suficiente para satisfacer el ego de un autor. El visionario del diseño no tiene una profesión; fundamentalmente, es una vocación.

    El registro histórico de visionarios habla por sí sólo, y no es una historia agradable. Consideremos a John Ruskin, mi preferido, quizás el primer pensador y escritor que merezca llamarse “visionario del diseño.” Ruskin fue, por supuesto, el maestro del movimiento de las Arts and Crafts. Venerado mundialmente y merecidamente popular, Ruskin fue la primera figura intelectual y cultural que se enfrentó con ojo crítico al industrialismo en su propio terreno, y que se atrevió a desafiar sus principios en algunos detalles prácticos y de diseño. Además (en vez de limitarse a decir chorradas desde la comodidad de su posición de caballero victoriano poseedor de una herencia), Ruskin estaba más que dispuesto a salir fuera y realizar provechosos trabajos de campo.

    Su capítulo "On the Nature of Gothic," de diez páginas, tuvo una enorme influencia. Era un documento formulador del Nacionalismo Romántico, la chispa que prendió la Hermandad Prefarraelista, un sustrato intelectual para Dante Gabriel Rosetti, William Morris, Jugendstil, Estilo Liberty, la Secesión de Viena, Green and Green, el Estilo Misión e incluso el Modernismo de la Bauhaus.

   John Ruskin era sumamente inteligente, milagrosamente sensible, impresionantemente desenvuelto, profundamente inspirador, muy sincero y totalmente equivocado acerca de casi todo lo que decía. Poseer la sabiduría que da la experiencia de un detractor cultural genial es como andar sobre zancos.
Realmente nos da un sentido fantástico de júbilo alocado y psicodélico. Todos los visionarios del diseño deberían leer a John Ruskin. Es como una brújula que siempre apunta al sur.

    Ruskin inspiró a gran cantidad de arquitectos y diseñadores brillantes y enérgicos que acabaron haciendo justo lo contrario que Ruskin recomendaba en sus distintos escritos. Esto suele ocurrir mucho, en realidad, con los grandes profetas. Es una muestra de su grandeza.

   ¿Qué fue de Ruskin, el primer visionario del diseño? Bueno, Millais, un discípulo y pintor de Ruskin, se escapó con la mujer de Ruskin, Effy.
Whistler, otro pintor incluso más atrevido, le quebrantó el espíritu de Ruskin en un juicio por difamación. Ruskin sufrió una serie de crisis nerviosas, y terminó como un borracho y barbudo lunático escondiéndose en su propia propiedad. John Ruskin murió en enero de 1900. Cuando el arquitecto Henry Wilson escuchó la noticia, dijo, "¿Ruskin ha muerto? ¡Gracias a Dios! ¡Dadme un cigarro!"

    Los visionarios del diseño deberían tener muy en cuenta estas historias.

   El producto fundamental de un visionario son las visiones. Las personas que no son visionarias se imaginan que lo difícil es idear las visiones. "¿Cómo demonios piensas así?" se podrían preguntar. 
"¿De dónde sacan esas ideas tan raras?"

    Nosotros, los visionarios, tenemos pocos problemas para generar estas descabelladas ideas. Se da por sentado.
No, lo difícil es cuando vienen espontáneamente, y cuando simplemente no paran de venir.
    Lo divertido es cuando las visiones abstractas se manifiestan en la vida real. Cuando alguien le da forma a una visión. Cuando alguien convierte los conceptos abstractos en realidades útiles y atractivas.
Eso es lo que me atrae del diseño.

  Como escritor de ciencia ficción, periodista y futurista, estoy bastante interesado en las cosas que se pueden hacer, pero estoy extremadamente interesado en las cosas que no se pueden hacer – es decir, no todavía.
También estoy sumamente interesado en las cosas que ya no se pueden hacer, y en las razones por las que esto sucede.
La obsolescencia es la innovación al revés; el innovador no sólo trae al mundo un nuevo diseño, a menudo acaba con uno viejo.

   No tiene sentido para un profesional en ejercicio hacer algo que no se puede hacer.
Pero alguien completa y exclusivamente práctico y competente se convierte en la marioneta del momento y del lugar presente.
Los que desfilan no pueden observar la marcha del desfile. Y a mí me encanta observar ese desfile más que nada en el mundo.

 


Bruce Sterling - Wikipedia