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La Promesa Digital



El fin de la inocencia
Pau Waelder

“Me habíais prometido colonias en Marte. En vez de eso, me dais Facebook”.

Un decepcionado Buzz Aldrin se dirigía al lector desde la portada del MIT Technology Review a finales de 2012 con esta frase que resume la inesperada evolución de la tecnología desde los años 60 hasta la actualidad. El astronauta de la Misión Apolo XI, segunda persona en pisar la Luna y el más anciano de la docena de hombres que han caminado sobre la superficie de nuestro satélite, representa a una generación que experimentó el poder de la tecnología y soñó con grandes retos, desde colonizar el Sistema Solar a erradicar el hambre en el mundo.

Si bien el último alunizaje tuvo lugar en 1972 y el interés por explorar otros planetas fue disminuyendo, en los años 80 y principios de los 90, el potencial de los ordenadores personales y la red Internet trajo consigo nuevas promesas de un futuro mejor, más conectado y más rápido, gracias a los avances tecnológicos. No se trata ya de vivir en otro planeta, sino de una nueva sociedad marcada por las tecnologías de la información, los sistemas globales de comunicación y el transporte a gran velocidad de un punto a otro del planeta.

El entusiasmo que genera el cambio de milenio marcado por la promesa digital se traduce en una inversión desmedida en cualquier nueva empresa generada en la World Wide Web: una burbuja que explota incluso antes del cambio de siglo.

45 años después del primer alunizaje, no nos desplazamos en coches voladores, ni tampoco en coches eléctricos. El temible HAL9000 ideado por Stanley Kubrick y Arthur C. Clarke no es de momento más que un asistente operado por comandos de voz en un smartphone y en nuestros hogares no nos asisten robots como los que imaginaba Asimov, sino apenas una aspiradora más o menos autónoma. Desde esta perspectiva, el futuro ciertamente no es lo que era: no tenemos colonias en Marte, sino al Curiosity Rover de la NASA sumándose a la moda de los selfies con una foto que, sin duda, recorrió Facebook.

Con todo, ese futuro imaginado no podrá llegar sin el presente que tenemos ahora. Ciertas promesas de las tecnologías digitales no se han cumplido, pero sí han tenido lugar profundos cambios que nadie había prometido porque eran inimaginables. No se han dado grandes saltos para la humanidad, pero si significativos pasos para muchas personas, comunidades y sociedades que han transformado su manera de trabajar, comunicarse, aprender, crear o compartir. En estas pequeñas revoluciones, que se producen en un entorno saturado de banalidades, tendencias pasajeras, pérdida de libertades y de intimidad, se podrá vislumbrar otro futuro, tal vez no utópico, pero ciertamente fascinante.

Este año, el festival ArtFutura explora bajo el título La Promesa Digital lo que esperábamos de la tecnología hace 25 años y lo que ésta ha aportado a nuestro presente, así como lo que nos puede deparar en el futuro.

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